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BICHOS

Bichos

Documental de bichos

Documental de bichos Observen al león avanzar majestuoso en la estepa. Vean cómo el pterodáctilo desciende en círculos y atrapa al león con su poderoso pico. Vuela trabajosamente con semejante carga, pero no le estorbará mucho tiempo. Sólo son unos metros, hasta donde está nuestro infortunado cámara. Vean cómo cae el león sobre el abnegado periodista. Observen, a través de la lente rota, cómo se ríe el pterodáctilo.

Pterodáctilo cabrón.

La vaca

La vaca La vaca nos da leche. No sabe por qué, ni le importa. Ella sólo pasta tan tranquila en el prado, sin saber que lo hace para darnos leche.
Si supiera hablar diría: "Yo no sé nada". Si supiera pensar, pensaría: "A mí que me dejen en paz. Yo no sé nada". Pero la vaca realmente no sabe nada. Ni hablar ni pensar. Ni siquiera pastar. Pero eso sí lo hace: pastar. Tan tranquila. En el prado.

El gobierno, en cambio, lo sabe todo. Sabe que la vaca nos da leche. Que la leche nos da calcio. Que el calcio fortalece los huesos. Que los niños deben tomar leche para que sus huesos se desarrollen sanos y fuertes. Que, cuando los niños crezcan, irán al ejército. Que habrá una guerra. Que los jóvenes, con el fusil al hombro, marcharán al campo de batalla. Que sus huesos cubrirán el campo de batalla mezclados con los huesos de los soldados enemigos. Que sus huesos serán más fuertes que los huesos invasores. Más blancos. Más relucientes. Porque serán los huesos de jóvenes alimentados con leche de vaca nacional, orgullo de la patria.
La vaca, que no sabe nada, pasta tranquilamente en el prado. Estúpida vaca, que daría leche al enemigo si no fuera por el gobierno. Aportaría calcio para huesos foráneos. Tan tranquila.

Y es que la vaca, digámoslo de una vez, es una inconsciente. No sabe que pasta tan tranquila en el prado gracias a los jóvenes heróicos cuyos huesos quedaron esparcidos por el campo de batalla. Porque esos jóvenes sacrificados y patriotas, antes de ser osamentas, tenían carne y vísceras que, una vez descompuestas, abonaron el terreno e hicieron crecer la hierba. La hierba que ahora mastica la vaca. Tan tranquila.

Suena el himno:
Tachunda tachunda chunda
Tachunda tachunda chunda
Dulce país, madre patria,
vaca de grandes ubres:
con tu lleche llena de calcio
alimentaste los huesos gloriosos
que hicieron las grandes gestas.
Tachunda tachunda chunda
Tachunda tachunda chunda
¡Fémures y tibias,
meniscos y recios cráneos,
costillas y también vértebras,
sublimes esqueletos
entregados a la patria!
Tachunda tachunda chunda
Tachunda tachunda chunda

La vaca escucha. No sabe qué es esa música. La vaca tonta sólo pasta en el prado... tranquilamente.

El gobierno necesita a la vaca. La vaca necesita al gobierno. Pues la vaca no cumpliría ninguna función útil sin el gobierno. Sólo el gobierno conoce el verdadero propósito de la vaca.

¿Y qué dice la vaca de todo esto?
Si supiera hablar, diría "mu".
Pero, como no sabe, sólo muge.

Sepias

Sepias Con cuerpo aplanado, diez tentáculos, distribuidos por pares en torno a la boca, aletas alrededor del cuerpo para nadar, y un sifón que le sirve tanto para impulsarse cual jet a reacción como para expulsar un chorro de tinta que ciega a sus enemigos, la sepia es un cefalópodo de lo más elegante.

La sepia no es grande, ni falta que le hace. Mide entre veinte y sesenta centímetros en su etapa de madurez, que alcanza rápidamente. Podría hacerse más grande, si quisiera, pero la sepia es feliz con su tamaño.

Entre los meses de febrero y septiembre, la sepia se reproduce. Si quisiera, podría reproducirse todo el año, pero la sepia es feliz reproduciéndose de febrero a septiembre.

Cuando llega el invierno, las sepias dejan las costas para emigrar a aguas más profundas. No lo hacen por necesidad. Les gusta emigrar a aguas más profundas en invierno.

La sepia no tiene ambiciones. No hay sepias políticas, ni multimillonarias, ni nada por el estilo. Las únicas sepias que se distinguen de sus congéneres son aquellas que tienen un final tan cruel como sublime: convertirse en ración de sepia a la plancha.

Pakito

Zoológico

Zoológico Las hormigas
sólo saben ser hormigas,
y se resignan
bajo el peso de una miga.

El elefante barrita
porque le duele la patita.

Y el cocodrilo...
el cocodrilo es otra historia.

Pakito